Por Mauricio Estrada
El
insomnio me puso a pensar en que uno de los detalles más dolorosos en la
historia de nuestro país es la falta de memoria. Realizo una burda
analogía con el futbol, pero me doy cuenta que ocurre en casi todos los
ámbitos. Tenemos a un tipo, al que designa un poderoso empresario para
dirigir a un grupo de deportistas mexicanos. Los lapidamos, les
escupimos, hablamos mal de cualquier detalle que realicen
(y repito, lo hacemos también con las cosas importantes). Pero luego se
vislumbra un detalle ligeramente favorable y entonces empezamos a
amarlos, y se nos olvida de dónde vienen y por qué nos molestaba su
existencia. Luego decimos que es de sabios cambiar de opinión pero
vuelve a venir un mal resultado y nuevamente herimos, vomitamos
cualquier cantidad de improperios, pero ¿actuamos? Ése es el punto, no
lo hacemos, y si lo hacemos sólo nos dura un instante de euforia y
pasamos al lento dominio del olvido. El entusiasmo nacionalista
futbolero se cae, se llora ridículamente y se buscan cientos de
justificaciones para el "pesar nacional". Hoy (hablando de lo realmente
importante),estas reformas del gobierno sólo serán una queja momentánea
y bastará alguna situación evasiva, algún otro acto (con nuestros
políticos será generalmente una acción que robe la atención de la previa
debido a que resulta más aterradora) evasivo para olvidar. Si de pronto
llega un ligero detalle positivo, entonces olvidamos todo lo malo,
hasta que se vuelve a cometer un nuevo error o decisión desafortunada. Y
volvemos a lapidar, pero lo hacemos ante el nuevo fenómeno y nos
olvidamos de lo que ellos hicieron antes y de cómo reaccionamos
nosotros. No hay mucha ciencia en realidad, simplemente vivimos al día
con lo que nos sucede y olvidamos el origen de las cosas. Hace un par de
meses todos hablaban de la porquería de representativo nacional que
teníamos y hoy, quienes más se entusiasmaron, asumen el rol de víctima (
dejavú histórico que me remite a las palabras de Samuel Ramos), y los
que no (los peores), se ponen en el papel de expertos y tiran críticas
por doquier para simplemente desacreditar, queriendo verse como el
oráculo que anticipó la debacle nacional. Lo mismo pasa en todos los
ámbitos, hasta en los afectivos (claro que no hablaré a partir de mi
experiencia personal, porque sería demasiado ególatra aunque también
ofensivo para algunos que puedan sentirse aludidos), en los más simples
detalles. Somos individuos del día a día. Hoy se puede ser villano por
una acción que terminará siendo olvidada ante el primer esbozo de
aceptación y después una nueva falla hará que se olvide aquello por lo
que fuimos aceptados. Asumo entonces que si nuestra memoria histórica a
corto plazo está dañada, a largo plazo no existe, con lo cual
concluimos que en efecto, la trillada frase de "un pueblo sin memoria
está condenado a repetir sus errores" es más cierta que nuestro propio
olvido. He dicho y me he explayado mientras intento buscar en mi memoria
la forma de reconciliar el sueño.
M.S.
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